Buenos días, domingo.
Esta semana he bajado y subido (vivo en la montaña) escuchando la radio.
Hubo una época en que en mi familia cenábamos viendo las noticias en la tele.
¿Cómo eran capaces de tragar aquellas imágenes? Estarían disociados, que decir eso está muy de moda.
No sé, supongo que se habían desensibilizado por repetición.
Es el Cuadernos en Crudo número 50. Coincide con mi cumpleaños y, para celebrarlo, esta carta especial + abro los últimos artículos de pago; espero que lo disfruten: cuadernosencrudo.com
Para mis queridas suscriptoras premium, les enviaré un email con un regalo: mi lista de Google Maps de restaurantes favoritos en Gran Canaria este 2026. Tengo también listas de otros lugares, por si les interesa.
Hace años que no veo el telediario por una sencilla razón: la violencia me impacta. ¿A quién no? Ya sé. Cada uno que mida su propia carga.
Es por eso que, para informarme de lo que ocurre a nivel local, nacional e internacional, prefiero otras vías: la radio o un lector digital de prensa (sin imágenes) que me hace un informe de los medios seleccionados.
Total, que voy en el coche y me entra una llamada de “fraude posible” y, aun así, contesto (no vaya a ser un cliente o un contacto con información valiossísima.)
Era publicidad.
Intento zafarme muy amablemente, pero no me dejan ir. Cojo aire, lo suelto. Cuelgo.
—La situación es insostenible, afirman en la radio.
Me paro en una gasolinera para elegir un podcast. Mejor.
Sigo conduciendo. Y pensando.
Qué afortunada soy. Me pasan cosas, como a todos. He sufrido por asuntos que no voy a contar aquí porque no necesitan ser contados.
Pero vivo en un buen sitio, generalmente pacífico, con un clima amable, disponibilidad de alimento fresco y gente con quien compartirlo.
Soy autónoma y hago lo que me gusta.
Sí, ya… La incertidumbre económica, los fines de semana trabajando, los sacrificios personales, el no desconectar… ¡Ni se te ocurra ponerte mala! Tienes que facturar. Pero merece la pena.
Aparco a mitad de camino para tomar café mientras respondo algunos emails.
Aunque ser autónoma en España es como ser una apestosa, la parte buena es que tengo la oportunidad de elegir.
Elegir mis horarios, mis movimientos;
Si me duele la regla, me echo un rato. Si es mi cumpleaños, me tomo el día libre sin pedir permiso.
Este año empezó con la carta de Benedetta Poletti, directora de la revista Elle que empezaba así: “En 2026, me voy a permitir…” . Arranqué la hoja y la pegué a mi agenda.
Para mí ha sido una revelación. Darse permiso. Algo tan aparentemente simple, pero para alguien que convive con la autoexigencia y que tiende a sobrejustificarse, no lo es.
Pedir permiso.
Estaba en esa época leyendo Gente normal, de Sally Rooney —a ver si aprendo algo— y la protagonista decía algo así como que no le gustaba el colegio porque tenías que pedir permiso hasta para elegir dónde dirigir la mirada.
Me identifiqué al instante.
Mirar por la ventana del cuarto piso del Sagrado Corazón garantizaba cosas muy interesantes durante la clase de matemáticas o de dibujo técnico.
Darse permiso es liberador.
Permiso para comer lo que te apetezca el p*** día de tu cumpleaños.
Para no contestar el WhatsApp al momento.
Para no mirar.
Para llorar o reír.
Para alargar ese café.
Para comprarte esa libreta tan bonita.
Para ver Friends por decimoquinta vez.
Para caminar despacito.
Para no saber sobre algo.
Para irte de ese lugar que te hace mal.
Para comunicar lo que te sale del corazón, sin juzgar(te).
Para (acaba la frase)
Esta semana en Materia Prima: Publiqué una selección de cinco productos alrededor del café. Es la primera de la sección De compras. Para leer con calma, y también como ideas de regalo para el otoño:
https://materiaprimamagazine.com/articulo/cafe-articulos-de-compras-octubre-2026
Feliz café de domingo ☕
Gracias por estar aquí, semana tras semana, 50, ni más ni menos… Gracias.
Bea





