Cuadernos en Crudo #41 · La carta de los domingos
Mientras tanto, en el verano de 1998
Tendríamos 8 o 9 años cuando apareció la Game Boy Color en nuestras vidas. Ese verano lo pasamos, como todos los demás, en el sur de la isla.
Eran días sencillos, de bañador por la mañana y camiseta ancha por la tarde, como único vestuario.
De piscina, playa, tele y algún que otro día salir a cenar pizzas o al cine de verano. De churros con chocolate los sábados y albaricoques al mediodía.
Nos dejaban jugar a la Game Boy con tiempo limitado, después del cual mi madre las subía a lo alto de una estantería al canto de “ya estuvo bueno”.
La distancia física como pedagogía. La altura como argumento inapelable.
Por las tardes, pan cortado a tiras con mantequilla y un batido de papaya y naranja. Paseos en bicicleta y partidas de billar.
Compartía un auricular con mi amiga mientras cantábamos La Oreja de Van Gogh en el borde de la piscina.
En casa, un zafarrancho continuo al sonido de Jimi Hendrix o Julio Iglesias, dependiendo de quién tuviera el control del altavoz.
Por la noche, Grand Prix en familia y al día siguiente, repeat.
Esta semana
En Cuadernos en Crudo estaré lanzando ideas de tuppers y ensaladas, contando con la colaboración especial de personas del mundo de la gastronomía, a las que considero una referencia cercana y valiosa. En agosto descansamos y en septiembre volvemos con la pila cargada.
Actualización sobre el emprendimiento: ya estamos con los últimos retoques del diseño web. Esta próxima semana publicaré mi web profesional; si nos vimos por Instagram, sabrás que estoy con las fotos.
Espero que este verano, sea cual sea tu situación y donde vivas, sientas, aunque sea por unos días, aunque sea por unas horas, un pedacito de esos días sencillos de finales de los noventa.
Feliz café de domingo ☕
Bea
Saber que al otro lado hay alguien con una taza de café y unos minutos para leerme es un regalo enorme. Gracias por formar parte de mi carta personal de los domingos.







