Aviso: lenguaje soez, texto especialmente largo (reponer café antes de leer).
Buenos días, domingo.
Cada persona con la que conversamos, cada decisión que tomamos, como hablar o no hablar en absoluto, modifica un poco nuestra forma de ser.
Desde el miércoles pasado no he parado de hablar y escuchar, hablar y escuchar.
He solapado un evento con otro sin apenas tiempo para mirar. Y me he sentido de muchas formas, pero ninguna la mía habitual.

Este Cuadernos incluye: una conversación, qué coño hago yo sin nevera, una reflexión sobre la forma y cómo conservar los tomates del verano para disfrutarlos todo el año.
Antes de nada, aquí te dejo los artículos de presentación de Materia Prima Magazine:
Qué es Materia Prima: https://materiaprimamagazine.com/articulo/lanzamiento-materia-prima-magazine
Así fue el evento: https://materiaprimamagazine.com/articulo/presentacion-revista-digital-canaria-gastronomia
Pero no es la primera vez que el entorno moldea forzosamente cómo soy o qué soy.
Durante el gran apagón que hubo en España en 2025, se hablaba de la sociedad colapsando.
Por suerte, lo único que tuve que gestionar fue el tema de la nevera, la frustración y qué hacer con tanto tiempo sin acceso a la tecnología.
Tiempo para pensar sobre mi capacidad de gestionar lo imprevisto y adaptar mi forma a un nuevo escenario.
¿Qué coño hago yo ahora sin nevera?
La ductilidad es la capacidad de un material para deformarse de forma plástica y alargarse sin romperse cuando se somete a una fuerza de tracción.
Así me sentía yo el día que se apagó todo.
Encallada entre la mesa y el congelador, con los brazos en jarra y las cejas instaladas por encima de las gafas.
Estirada, deformada, sin romperme. Como una cuchara a la que han doblado tanto que pierde su propósito (y un poquito de dignidad). Como un churrito de cobre que es capaz de flexibilizarse, pero que no volverá a ser como antes…
—Bea, ¿me estás escuchando?
—Sí, perdona, ¿qué me decías?
—Que si hay algo en el congelador…
—Pues no sé, unas pechugas de pollo, frutos rojos congelados, guisantes…
—Pues venga, que hay que sacarlo todo y cocinarlo, ¡aquí no se tira nada! Y menos mal que pusimos la cocina de gas, después de la subida de tensión que hubo en toda la calle el año pasado, que si no, me dirás tú qué comemos…
—Pues no sé, ¿revuelto de guisantes y fresas? —respondí con sorna mientras sacaba bolsas congeladas.
—Qué simpatiquita estás hoy, ¡se ha desayunado un payaso esta mañana! —dice Mercedes mientras se aleja de la cocina dando saltitos y continuando la perorata en su camino hacia el salón.

Joder.
Llevaba toda la mañana haciendo una lista de la compra, había pasado por el súper, pensaba ponerme a cocinar para toda la semana y luego debía conectarme para trabajar un par de horas. Tenía una reunión superimportante, SUPERIMPORTANTE, y me motivaba pensar en el capítulo de Netflix que disfrutaría después, quizá antes de irme a dormir…
Pero no.
Nos quedamos sin luz.
Qué inconveniente.
Pero sobre todas las cosas que me molestan de este día, hay una que preside la mesa de la discordia: ¿qué coño hago yo ahora sin nevera?
¿Es la Inteligencia Artificial la nueva Refrigeración Artificial?
Cada pequeña gran revolución en la sociedad puede vincularse a un invento, una idea o incluso un objeto de consumo que lo cambió todo.
Hay teorías que sostienen que el preservativo tuvo un gran peso en la inserción de la mujer al trabajo remunerado. La IA, dicen, está siendo y será una revolución en la forma en la que vivimos, y en su día, lo fue la refrigeración artificial1.
Durante siglos, los alimentos se conservaron con hielo, nieve y espacios fríos o aislados. En Estados Unidos, a finales del siglo XIX se había extendido el icebox: un mueble aislado, generalmente de madera.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX ya existían sistemas de refrigeración mecánica, pero la refrigeración doméstica todavía estaba en fase de desarrollo.
En 1913, Frederick Wolf Jr. desarrolló la DOMELRE (DOMestic ELectric REfrigerator), uno de los primeros sistemas de refrigeración eléctrica comercializados para uso doméstico (fuente: National Museum of American History, Smithsonian).
Durante los años siguientes, distintos fabricantes fueron perfeccionando la tecnología.
En 1927, General Electric introdujo el Monitor Top, el primer frigorífico que alcanzó una amplia popularidad en los hogares estadounidenses.
En la década de 1930, los frigoríficos eléctricos comenzaron a sustituir progresivamente a las iceboxes, favorecidos por la reducción de precios y por una mayor fiabilidad.
En la oscuridad, pienso: ¿cómo puede ser que me desestabilice tanto esto? Seguro que hay familias pasándolo mal hoy…
Y yo simplemente permanezco aquí, con las piernas apoyadas contra la pared, intentando acomodar en la mente una nueva forma de pensar en un mundo sin nevera.
Entonces entendí que tenía que mirar hacia atrás, hacia todos esos años de sabiduría, y aprender a conservar. Y, de paso, quizá, aprender a conversar también.
¿Fluir? Maybe. No sé. Por lo pronto, quiero seguir controlando mi entorno (solo un poquito más), que soy muy joven aún para ser tan sabia…
Empezaremos por los tomates del verano.
Feliz café de domingo ☕
Bea
En mi radar: cómo conservar tomates, un libro y un curso online
Cómo conservar los tomates del verano para disfrutarlos todo el año
Conserva en bote (la más versátil)
Escalda los tomates 30 segundos en agua hirviendo, pélalos, tritúralos o déjalos enteros y mételos en botes esterilizados con un poco de sal y albahaca si quieres. Baño María 20-30 minutos. Duran hasta un año y sirven para todo: salsas, guisos, pizzas.
Tomate seco
Córtalos en mitades, espolvorea sal y deja secar al sol (3-4 días en verano canario) o en el horno a 100 °C durante 4-6 horas con la puerta entreabierta. Guárdalos en aceite de oliva con ajo y hierbas. Duran meses y son una bomba de sabor.
Salsa de tomate lista
Sofríe con cebolla, ajo y aceite, tritura y mete en botes esterilizados con baño María. La forma más práctica si quieres tener salsa lista para usar directamente.
Encurtido
Tomates cherry en vinagre con especias en bote cerrado. Muy bueno como acompañamiento o aperitivo. Una vez abierto sí va a la nevera, pero cerrado se conserva a temperatura ambiente durante meses.
Aquí te lo explican de dos formas diferentes:
📚 Un libro: Conservar. Fundamentos y técnicas de un arte milenario (Cinco Tintas)
Una guía práctica para redescubrir métodos de conservación que han acompañado a la humanidad durante siglos: fermentados, curados, salazones, secados y más.
No solo prolonga la vida de los ingredientes, sino que preserva historias, territorios y saberes. Una forma de relacionarte con la comida de manera consciente, sostenible y conectada con tu propia cultura.
https://www.casadellibro.com/libro-conservar/9791387934163/17975277
🎓 Un curso: Conservas Dulces y Saladas, con Elena Lugo, cofundadora del restaurante Nicos (Ciudad de México), en Scoolinary
1 hora y 40 minutos de vídeo para aprender a conservar frutas y vegetales con técnicas profesionales de esterilización, pasteurización y salmuera. Desde mermeladas y purés hasta chiles adobados y vegetales en salmuera, con un enfoque zero waste para aprovechar cáscaras y residuos.
https://www.scoolinary.com/es/courses/conservas-dulces-saladas
¿Te gustaría una guía práctica sobre cómo conservar los productos de temporada en casa?
Fuente: National Museum of American History, Smithsonian






