Azúcar, especias y muchas cosas bonitas
Cuadernos en Crudo #40 · La carta de los domingos de una food writer
Cada 3-4 semanas, aproximadamente, me despierto con el ceño fruncido.
Ese día, el chef privado respira demasiado fuerte, el agua está demasiado fría, la ropa demasiado estrecha y estoy bastante convencida de que los pájaros cantan solo para molestarme.
No es que esté mal, solo tengo que seguir unos sencillos pasos:
Ese día quiero café, chocolate, quitarme la mochila de la Preocupación y quitarme el peso de la Responsabilidad que una tiene con el mundo para decir:
“¡Hey, mundo, déjame tranquila, solo quiero comerme una cookie del tamaño de un disco de hockey y darme una vuelta por el Club Gourmet de El Corte Inglés!”
El Corte Inglés es una fantasía.
Para las personas a las que no les gusta especialmente ir de compras, tenerlo todo en un mismo lugar, con aparcamiento…
No me pagan por decir esto. Pero, sin duda, será una de las marcas con las que querré colaborar en la revista que tengo en el horno.
Sí, cada vez me merezco más que me llames «señora», pero no lo hagas. Incluso si me ves por la calle con el pelo cardado y agarrada a mi bolso, no lo hagas. No me llames señora. Y menos en esos días del mes.
Me gusta comprar, pero intento hacerlo con conciencia.
Hago una lista antes con lo que necesito o me gustaría; intento que sean cosas de buen material y que no atiendan a modas más o menos efímeras (sí, bailarinas de redecilla, te estoy mirando a ti).
Me gusta estudiarme las revistas y luego ir a tiro hecho. Luego te lo cuento en Instagram, para ver qué te parece, antes de investigarlo a fondo o crear un reportaje. Después, hago una selección y lo pongo en «En mi radar» de esta newsletter.
En definitiva, hoy va de estar así, sin pena ni culpa.
Con menos calendarios, análisis, revisiones, fact-checking y más realidad, tal y como se muestra, con un poco de bigote y el pantalón con migas de galleta de chocolate.
Pasear con el set de persona introvertida: gorra, gafas de sol y auriculares. Volver pronto a casa y ver una película saboreando una bebida fresquita con una pajita de cristal, cristal.
Al final no compré nada; espérate a las rebajas, me dicen. Entonces me espero y la semana que viene te lo cuento por aquí.
Porque en el fondo, lo único que quería era pasear en silencio rodeada de azúcar, especias y muchas cosas bonitas.
Feliz café de domingo ☕
Bea
En mi radar
☕ El café: Espabila Coffee
C. Secretario Artiles, 46, Las Palmas de Gran Canaria
Cafetería de especialidad a dos pasos de Santa Catalina, con café de tueste propio, matcha ceremonial y un gofio latte de cosecha propia. Producto de kilómetro 0, dulces artesanales y tostas de masa madre. Pet friendly.
🍪 La cookie:
En Cafetería SaboRges, demasiado dulce para mi gusto, pero ella es un encanto y lo hace todo allí. Los desayunos merecen la pena.
🎬 La película: La mejor receta (Dough). Dir. John Goldschmidt, 2015.
Nat Dayan (Jonathan Pryce) es un veterano panadero judío del East End de Londres que ve cómo su negocio se hunde frente a la competencia de un supermercado. Sin mucho entusiasmo, contrata como aprendiz a Ayyash (Jerome Holder), un joven inmigrante musulmán de Darfur.
Un accidente fortuito en la cocina reactiva las ventas… y la relación entre ambos. Comedia agridulce sobre la convivencia, la gentrificación y los oficios que desaparecen.
🥤 La bebida fresquita:
De las 3 que me compré, me acompañó muy bien el refresco de jengibre Ginger & Herbs bio, de Gimber.
Es potente: sabe bastante a jengibre, pero está superequilibrado. Sustituye muy bien a un refresco normal y, lo mejor, no lleva azúcares añadidos ni edulcorantes. En su ficha dicen que es adecuada para preparar cócteles.











